Quím. David Antonio Vázquez Lynn

Quím. Quím. David Antonio Vázquez Lynn
Quím.

DAVID VÁZQUEZ

MUCHO MÁS QUE QUÍMICA

¿Cómo llegaste a la Prepa UP?

Fue el 15 de agosto de 1989. Recién terminaba la carrera y estaba en el Instituto de Química. Un día, Damián Ginebra, compañero mío de generación, me invitó a sustituirlo dando clases de Química Orgánica en la prepa UP. Al día siguiente, me entrevisté con el subdirector y quedó en llamarme. Un domingo a las diez de la noche me avisaron que comenzaba a las ocho de la mañana del día siguiente…, y aquí estoy desde entonces.

 

¿Por qué te dicen «el Bato»?

Soy de Ciudad Obregón, Sonora. En la prepa siempre saludaba: «¡Qué onda, bato! ¿Cómo estás?», y todo mundo comenzó a decirme «bato».

El primer día de clases, el coordinador presenta el profesor al grupo. Él les dijo: «Les presento al profesor David Vázquez, químico por la UNAM, estudia la maestría en Química Orgánica, le dicen el bato y no se enoja». Y así se oficializó. Nunca me ha molestado. Me identifica con mis orígenes.

 

¿Qué destacarías de tu experiencia como profesor?

Me encanta dar clases, me la paso muy bien, me siento útil, pero el verdadero sentimiento de orgullo es cuando llega un exalumno, te saluda con afecto y te dice: «Profe, la verdad es que con usted aprendí mucho» o «Le agradezco lo que me enseñó». Y quizá es alguien que es abogado o tiene un negocio propio, y nunca utilizó la Química, pero agradece: que lo hayas tratado bien; que le hayas enseñado; que le dedicaras tiempo; que si era necesario, le llamaras la atención.

Es enseñar cosas que sirvan para la vida: que si te equivocas, corriges; que si te comprometes, lo haces; que si quieres algo, te esfuerzas. Esto es lo más importante que podemos enseñarles: amistad, respeto, trato con Dios, buenas maneras... A veces en clase tienes que usar su vocabulario y hacer algún chascarrillo.

 

¿Cómo te fuiste forjando para ser quien eres como profesor?

Conocía perfectamente mi materia. Imité a los profesores que me gustaron de la preparatoria y de la carrera. Al principio, cometes muchas «burradas», porque los profesores que ya tienen experiencia hacen parecer su trabajo como fácil y no lo es. Sin embargo, al paso del tiempo aprendes a mejorar el trato, a tener más paciencia. Antes creía que debía llegar, explicar y que era trabajo del alumno entenderme y hacerlo a la primera. Con el tiempo te das cuenta que la responsabilidad de que te entienda a la segunda, tercera o cuarta, es tuya. Algunos alumnos entienden a la primera y otros a la quinta, o en pláticas después de clase. Y tienes que atender a estos y también a quienes sí entendieron a la primera y pueden comenzar a distraerse y causarte problemas en la clase. Tienes que aprender a mediar.

 

¿Cómo explicarías la química entre tus alumnos y tú?

No siempre les caigo bien a todos pero creo que, en general, se sienten cercanos conmigo, los trato tanto en el salón de clase como fuera de él. Busco brindarles confianza. De hecho, muchos entran a mi oficina en los descansos a conversar. En eso consiste la asesoría: las pláticas son indistintamente de cosas académicas, del problema con la novia, de que se fueron de viaje, de lo que quieran hablarme de una manera muy informal.

Otros, quizá sin ese nivel de camaradería, saben que pueden acercarse, que puedo ayudarlos con lo que requieran: sea personal, de conocimiento, de mediar con otro profesor; pero todos tienen claro que independientemente del acercamiento, sigo siendo el profesor y deben tratarme como tal. Es decir, a la hora de evaluar conocimiento y a la hora de enseñar, siguen siendo alumnos.

 

¿Por qué seguir aquí?

No conocía la Universidad Panamericana y mucho menos su prepa. Era una prepa pequeña, con 400 alumnos máximo. Se decía que «UP» significaba «un pasillo» y, efectivamente, era todo lo que había… Para mí, dar clases era un deber moral. ¿Por qué aquí? Porque se presentó la oportunidad. ¿Por qué me quedé? Por varias razones:

  • Me gustó mucho su filosofía: formar hombres íntegros.

  • Me gustó que se respaldara igualmente lo deportivo, lo espiritual y lo académico.

  • Me gustó que los papás debieran involucrarse: son los primeros protagonistas de la educación de sus hijos.

Quería ser profesor y me imaginaba investigando en un laboratorio, y complementariamente, dando clases. Siempre pensé que quien sabe debe enseñar, pero esto resultó apasionante. Creí que estaría dos o tres años y resultó que 30 años después, sigo aquí.