MICHAEL ANSTED

EX DIRECTOR DE LA PREPARATORIA MICHAEL ANSTED
EX DIRECTOR DE LA PREPARATORIA

¿Cuándo comenzó tu historia con la educación?
Me invitaron a trabajar dos años después de fundado el colegio, en 1970. Fui director de la secundaria y director académico. Salí para trabajar en otros proyectos y en 1985 regresé a la preparatoria, donde estuve hasta 2000. Llegué como director de formación integral. Hicimos muchas cosas: viajes, fútbol, distintos proyectos.

Tiempo después me nombraron director, cargo que desempeñé por muchos años. Dos cosas me gustaron mucho del Cedros y de la preparatoria. Me hice muy amigo de los papás; eran personas que creían en nuestro sistema educativo y nos tenían absoluta confianza. Y en las experiencias propedéuticas me llevaba de viaje a los muchachos y hacíamos verdaderas locuras,
actividades que propiciaban que tuviera mucho contacto con ellos.

Hubo varios retos. Definitivamente no cabíamos así que readaptamos el tercer piso y se arregló el jardín. Logramos hacer tratos con Cedros para tener espacio en las canchas para los recreos. Conseguimos una casa bonita fuera de la ciudad, se llamaba Verenda, y los muchachos iban un día entero a las clases normales, pero en el campo. Aunque esta iniciativa murió después, eran ideas para contar con más espacio.

Logramos adquirir mucho prestigio ante la UNAM y el pase automático a las mejores universidades del país.

Cuando llegué, los coordinadores de grupo duraban poco tiempo, pues eran muchachos que estudiaban. Para solucionar la rotación, buscamos coordinadores ya casados, con mayor estabilidad y madurez, y les pagábamos más que en otros lados. Esto nos dio magnífico resultado. Otra cosa que salió muy bien y que, aún continúa, fue enfatizar los idiomas: el inglés se impartía todos los días; quienes ya sabían inglés, aprendían francés o alemán.

Para mí era esencial que le tuvieran cariño a la camiseta. Hicimos muchas excursiones y congresos de jóvenes, con éxito. Estos congresos proporcionan a los muchachos, sentido de pertenencia; ven que su preparatoria pesa.

Había exigencia y buen nivel académico, pero también deseábamos que la pasaran bien. Por ejemplo, teníamos una compañía de teatro muy buena como con 100 alumnos. Pensábamos que era mejor, si estaban fuera de su casa, que estuvieran con sus amigos.

Todos los estudiantes hacían servicio social varias horas a la semana. De otro modo, no podían graduarse. Al principio no les gustó, muchos renegaban. Pero nos parecía esencial que se acostumbraran a ayudar a gente con menos recursos, a enfermos, a personas mayores, incluso a enfermos terminales.

¿Cómo describirías las ventajas de nuestro modelo educativo a los padres?
Primero les preguntaba cómo habían llegado con nosotros. Era importante partir de ahí para saber cómo seguir. Les preguntaba: «¿Qué quieres de tu hijo?». Contestaban lo mismo: que sea bueno, que sea buen padre, etcétera. Yo les decía que lo importante era que su hijo no tuviera miedo al trabajo; que tuviera conciencia social; que, sin coartar su libertad, quisiera acercarse a Dios; que hiciera amigos para toda la vida; que pudiera hacer deporte, teatro y muchas otras actividades. Les comentaba: «Queremos muchachos seguros y alegres. ¿Cómo? Primero, con estudio: que aprendan a trabajar, que les dé gusto y vean los frutos de su trabajo. Para ser seguros y felices deberán pasar muchas horas al día, tanto en la mañana como en la tarde, con otros muchachos de su edad con los que vivirán una época preciosa. Es importantetambién que aprendan disciplina, que cuenten con pase automático a buenas universidades…».

Cuando hablaba de la atención personalizada, les indicaba que era tratar bien a cada muchacho, quererlo, entenderlo, auxiliarlo si estaba en problemas académicos, que no se sintiera solo. Le decía al papá: «Si no tienes dinero no importa, contamos con becas, pero solo si tu hijo estudia, y deberá esforzarse más porque la pagará donando tiempo en la prepa o en la universidad. Tenemos, además, formación tanto para ti y tu esposa, para que sepan qué hacer con tu hijo adolescente».

¿Cuáles son tus mayores gratificaciones?
Hace poco me invitaron a entrar a un grupo de chat de exalumnos de la secundaria y ya recibí más de 120 felicitaciones e invitaciones para verme. Son aquellos muchachos del colegio que ya tienen ahora entre 58 y 60 años. Es una gran gratificación, que después de 43 años (de 1976 a la fecha), se acuerden de mí. Si te entregas y quieres con honestidad y rectitud de intención, la gente va a mejorar y te querrá. Esto habría que decirles a los jóvenes profesores.