Juan de la Borbolla

Exalumno Juan de la Borbolla
Exalumno

JUAN DE LA BORBOLLA

FORMAR HOMBRES DE CARÁCTER

¿Qué recuerdas de tu paso por la prepa UP?

Estudié en lo que era la prepa Cedros. En mi último año, se convirtió en prepa IPH, cuando don Ernesto Aguilar-Álvarez y don Gonzalo Ortiz de Zárate echaron a andar el Instituto Panamericano de Humanidades, antecesor de la UP. En aquel momento, se abría una posibilidad interesante con una de las reformas educativas, porque podías dar clases, a nivel preparatoria, sin pasar por la Normal Superior.

Pocos lo recuerdan o lo saben pero en esos años la prepa IPH fue mixta; admitían a mujeres que deseaban estudiar Pedagogía. Creo que fue un lapso de no más de cuatro años. Por eso cambió de nombre de Preparatoria Cedros a Preparatoria IPH. La secundaria estaba en la planta baja y la prepa en el segundo piso.

Cursé la preparatoria en unas circunstancias muy especiales. Había terminado la secundaria en un colegio de benedictinos, en el Estado de México. Se llamaba «Vita et pax», fundado por el padre Grant, quien también abrió lo que hoy es Cedros Norte. Los benedictinos se acercaron a Carlos Acedo Valenzuela y de ahí surgió el Cedros Norte.

En ese tiempo viajé con mis padres a Estados Unidos y contraje una grave enfermedad. Lo que había cursado de prepa en La Salle, ya no servía para nada. Mis papás, con mucha inteligencia, me dijeron que no perdiera el tiempo y mientras esperaba el nuevo curso de prepa, volviera a la secundaria, aunque ya tenía el certificado. Así fue como entré a la secundaria del Cedros. Asistía a la prepa con muchas dificultades.

La prepa era en la mañana, porque la tarde se ocupaba para hacer el cambio de la calle Miguel Laurent, primera sede del IPCE (Instituto Panamericano de Ciencias de la Educación), y del IPH (Instituto Panamericana de Humanidades), a las instalaciones de la calle Tecoyotitla. Era un edificio multiusos: secundaria y preparatoria en la mañana, y carreras universitarias en la tarde. Es un edificio lleno de recuerdos.

¿Cuándo empezaste a trabajar en la preparatoria?

En el tercer año de la carrera de derecho, me llamó un coordinador de la preparatoria para impartir periodismo, en la materia de actividades estéticas. Llegué a ser coordinador de la prepa.

Al siguiente año, me ofrecieron un trabajo de medio tiempo para promover la prepa: organizamos el primer concurso académico para secundarias públicas oficiales de la zona, de donde salieron estudiantes muy capaces, que después ayudamos a que pudieran cursar la prepa. Simplemente por situaciones como esas valió la pena el trabajo de dos años como coordinador de promoción de la Preparatoria IPH.

Héctor Lerma era director de la prepa y Jesús Magaña un gran promotor del IPH. Fuimos a diez secundarias de prestigio para otorgar ocho becas completas. Eso hizo que quienes no ganaron el premio, nos conocieran y se animaran a estudiar la preparatoria con nosotros.

¿Cuál era el ambiente que viviste en aquel tiempo?

De mucha cordialidad y amistad. Francamente hicimos amigos para toda la vida. Había profesores de primerísimo nivel. Aquí comencé a entender la Física, la Química, las Matemáticas, no por la memoria, sino por el razonamiento. Fabio González, que es un genio, me dio clases de Física; explicaba maravillosamente bien y era de una gran exigencia, incluso conmigo, independientemente de mis circunstancias de salud. Un día nos dejó una tarea muy difícil para el día siguiente y yo le recordé que estaba muy enfermo. Su sencilla respuesta fue: «La noche es larga». Exigía, pero con gran cariño. Lo he agradecido mucho.

Después de tanto tiempo, ¿cómo ves el recorrido de la prepa?

Al recordar el trabajo que costó impulsar el proyecto, me da mucho gusto su actual prestigio. Se ha hecho mucho para mantener la excelente calidad de los profesores.

Existen profesores cuya vocación es dar clases en la prepa, en la etapa quizá más difícil de los muchachos, pues surge el conflicto entre la libertad y la responsabilidad. Se necesitan profesores con vocación, para no solo enseñar, sino formar la personalidad de los muchachos. Lo hace a cabalidad la prepa UP: forma auténticos hombres de carácter y eso es parte de su éxito.

Si a mí mismo no se me hubiera exigido con cariño, no sé qué habría hecho. Muchas veces he tratado de analizarlo, preguntándome si habría pasado por una depresión por mi enfermedad, pero gracias a mis profesores, salí adelante. Debo mucho de lo que soy y tengo a mi formación en estas instituciones.