Ing. Alejandro Sánchez Rendón

Profesor Ing. Alejandro Sánchez Rendón
Profesor

Antes que nada, ¿por qué te dicen «gallo»?

Cuando inicié en la Prepa dando Física, escribía unos ejercicios en el pizarrón y quería cerciorarme si los muchachos iban entendiendo. Así que, llamándolos por su nombre, les pedía pasaran al frente a resolverlos. Me daba cuenta que siempre se sentían con temor, inseguros. Así que le preguntaba a alguno: «Qué, ¿no es usted “gallo?”», haciendo alusión a si carecía de valor. Y añadía: «¡Pásale!, te voy guiando… Quiero que subas y pierdas el miedo. Te voy diciendo cómo se hacen las cosas». De ahí comenzaron a decir: «Ahí viene el profesor “gallo”».

¿Cómo te convertiste en profesor de la Prepa?

Llegué a la Universidad Panamericana el 1° de agosto de 1986. Antes había trabajado quince años en el gobierno. Fue un inicio un poco rudo por mi falta de experiencia. Nunca había pisado un aula y no sabía cómo dirigirme a los muchachos, pero en la figura de don Carlos Llano, que fue mi maestro, encontré un modelo de cómo quería ser: nos veía como si fuéramos gente cercana, aunque en ocasiones ni nos conocía. Por ejemplo, no sabía que yo era Alejandro Sánchez, pero siempre que me encontraba, me saludaba y eso me dio mucha confianza, le aprendí el «modo» de cercanía con los alumnos.

Siempre preparaba mis clases y cada vez que me ofrecían un grupo, no perdía la oportunidad de tomarlo. En algún momento, coordiné cuatro grupos en Ingeniería y cuatro en la Prepa, dos cursos de laboratorio de Termodinámica, y en la Prepa dos o tres cursos de Física. El exceso de trabajo resultó en un infarto y en ese momento, gracias a Dios y al apoyo del entonces rector, José Manuel Núñez y de Ricardo Meneses, director de la Prepa, me quitaron un poco de la carga de trabajo.

Este evento fue un parteaguas. Durante un par de años no di clase. Hice mi curso de estudios en Teología, después del cual consideraron que podía impartirla, lo que hice durante seis años, hasta el momento de mi jubilación.

¿Qué importancia tienen, para un maestro, la alegría y la confianza?

San Josemaría decía que cada vez que llegaras a un aula, tendrías que llegar alegre. Y a mí se me da el sonreír. Siempre llego así a un salón. La alegría es importantísima para el estado de ánimo de una persona. Si eres alegre, contagias y predispones a un ambiente bueno. Procuré ver de qué modo ayudaba a los muchachos y los animaba. Eso me ayudó a mantenerme cercano: ¡tuve alumnos que me pidieron que fuera su padrino!

La confianza es esencial. Aprendí que el truco de la Coordinación era vivir con los muchachos sus problemas y que ellos notaran que realmente te preocupaban sus asuntos. Llevo 33 años aquí. Sigo en contacto con los muchachos porque atiendo asesorías, padres de familia, me toca proporcionar la ficha de inscripción a muchos papás, me ha tocado ver a ex alumnos tanto de la Prepa como de Ingeniería que ya vienen, pero ¡como papás! Esto me hace desarrollar un trabajo alegre y confiado.

¿Qué tal era el trato con los padres de familia?

La adolescencia es un período muy complicado para los padres. Los muchachos actúan y no miden riesgos. Muchos papás me consultaban sobre sus hijos adolescentes y me contaban cómo en la secundaria les obedecían, pero en la prepa habían perdido el control. Lo que cada familia me confiaba, yo lo iba asimilando y me atrevía a dar consejos.

Les comentaba a los papás que la adolescencia es un camino sinuoso, complicado como la carretera La Rumorosa donde, si no sabes manejar, puedes tener un accidente grave. Si no sabemos encauzar a los adolescentes, es fácil que ellos se precipiten. Les decía que no se desesperaran, que sería un camino corto, que se superaría y llegarían a la Universidad siendo responsables.

Ahora, en muchísimos lugares —fiestas, tiendas, en la calle…—, me encuentro a ex alumnos y los veo contentos, asentados. La adolescencia quedó atrás. Se hicieron hombres de bien y, algunos, hombres de familia. Todo eso me llena de orgullo.

La formación de la UP me ayudó incluso en mi matrimonio: cumplí ya 45 años de casado. Siempre he dicho que el ambiente aquí es bondadoso; es un trampolín para que puedas saltar de un período de formación a ser una mejor persona para tu familia y la sociedad.