Dr. Guillermo Cantú

EX DIRECTOR DE LA PREPARATORIA Dr. Guillermo Cantú
EX DIRECTOR DE LA PREPARATORIA

¿Cómo ha sido tu experiencia como profesor, director y colaborador en la Prepa UP?

Positiva y enriquecedora. He participado más en actividades con padres de familia, en charlas y trabajos de investigación, con temas como la madurez afectiva y sexual de adolescentes. Han salido cosas muy alentadoras, por ejemplo el Taller de Comunicación entre Padres e Hijos, que va por su tercer año, y el haber iniciado el curso «Aprender a Amar», con todos los alumnos de la Preparatoria.

 

Al iniciar aquí tu trabajo, ¿qué pensabas de los alumnos adolescentes?

He trabajado en varias escuelas en diferentes ámbitos y he vivido de cerca los problemas de los jóvenes en cuanto a hábitos de estudio, administración del tiempo, la relación con sus amigos y familiares. Siempre han constituido un reto para mí. 

Deseo ayudarlos a pensar, decidir, y actuar libre y responsablemente. El gran objetivo es hacer amable el ideal de la virtud y de la vida buena. Estoy convencido de que, con la mirada, gritan: «Demuéstrame que con una vida como la que presentas, puedo ser feliz». Quieren que exista coherencia, unidad de vida entre lo que se piensa, dice y hace, que exista un hilo conductor como ciudadanos de la sociedad que formamos parte y, para los creyentes, como miembros de la Iglesia e hijos de Dios; es decir, aprender a ser naturalmente sobrenaturales. Es ahí donde surge un diálogo. El muchacho se siente querido, comprendido, tratado como persona, respetado en sus ideas y se le ayuda a enriquecer su punto de vista frente a un mundo donde lo que sobran son problemas morales y existenciales.

 

¿Cómo ayudan los padres para hacer amable la virtud y formar el corazón de sus hijos varones?

Invitamos a los papás a que sean conscientes de que sus hijos descubrirán cómo ser varones con ellos. Verán que sus padres pasaron por lo mismo que ellos y hoy han formado una familia. Los padres pueden afirmar ante sus hijos: «Eres fruto de ese amor y de esa entrega que te ha llamado a la existencia». 

¿Cómo va a aprender a amar tu hijo? Observando cómo amas tú: con virtudes, defectos, voluntad, limitaciones. No lo quieres por las calificaciones que saca, ni por lo bueno que es en el deporte o porque asiste a eventos de Naciones Unidas. Es decirle con tus palabras y con tus actos que te alegras porque existe, porque es un regalo para este universo. 

 

Como educador y educador de educadores ¿cuáles te parecen las características adecuadas de un docente?

Amor a la verdad; voluntad de hacer el bien; preocupación por los que menos tienen, los que menos pueden, los que menos saben; participar en iniciativas de mejora social; tener curiosidad intelectual, no concibo a un maestro que no lea, no estudie, no se prepare, no se actualice, no busque nuevas formas de querer hacer amable el ideal de la virtud y la vida buena. Sobran malos ejemplos en las redes sociales, en los medios de comunicación. Las familias, los padres, los maestros, hemos ido perdiendo seguridad en lo que hacemos.

Me encanta el ideal de san Josemaría: ¿Quieres de verdad ser santo? Cumple tu pequeño deber de cada momento. 

 

¿Qué recomendarías hoy a un egresado de la prepaUP?

Que descubra la satisfacción del deber cumplido. Que perciba que la realización personal conlleva un trabajo bien hecho. Que está invitado a crecer en virtud, en sabiduría y en gracia, de cara a Dios y los hombres, y que salga al encuentro de los demás.

La filosofía judeo-cristiana ha acuñado el término «prójimo», que es «próximo»: el que está cerca de ti. Ve quién está a tu lado y descubre cómo puedes ayudarlo, qué puedes hacer por él. ¿Quieres vivir alegre? Aprende a servir. Señalaba san José María: «Para servir, servir». El diligente está pronto a servir; se anticipa a las necesidades de los demás y, al hacerlo, posee una felicidad que lo material no puede proporcionarle.

Un trabajo bien hecho conlleva a tres cosas: 

  • Adquirir buenas virtudes, hábitos, que son bienes inmateriales.

  • Producir buenos bienes materiales, porque tenemos necesidades físicas, corporales.

  • Frente a esos bienes espirituales y materiales, aprender a renunciar. No apegarse. Tan peligroso es el narcisismo material, como el espiritual. ¿Qué te llevas al morir? ¿Qué herencia quieres dejar? ¿Cómo quieres que te recuerden: como una persona positiva, alegre, servicial, trabajadora, que supo perdonar y que vivió para los demás? ¿Qué más puedes pedir? Y eso, para la eternidad.